El libro de Boris Groy, Obra de Arte Total Stalin, reflexiona sobre la política en el arte y el arte en la política en la época soviética, involucrando con distinta gradualidad y ponderación el rol del arte decimonónico ruso, el arte a inicios del siglo XX, la revolución de octubre, para detenerse más extensamente en el periodo estalinista soviético, a su vez, este último considera la revolución rusa, Lenin, Stalin, el período poststalin y quizás debiéramos incluir la situación actual de Rusia.
Aclarando que no se trata de una descripción del periodo, sino una reflexión como indica el autor, elabora un conjunto de tesis, sobre la influencia de la vanguardia rusa de inicios del XX en la construcción de un estado bajo un mando único vanguardista. Desde el arte se podría clasificar como clásicos rusos, vanguardia, cultura estaliniana (productivismo, formalismo), sotsart y literatura contemporánea.
Aquí tampoco se trata de describir el texto de Groy, éste se deja leer rápido, pues no se detiene a explicitar sus supuestos, aquello que antecede o da sentido a sus propuestas comprensivas, no es habitual que un autor los explicite. La dicotomía arte-política, no es nueva en occidente, si lo parece cuando se refiere a la cuestión soviética.
Los supuestos parecen ser lugares de comprensión común cuando se trata de enrostrar a los soviéticos la relación marxismo-leninismo-estalinismo y sus consecuencias en estas repúblicas, en particular al rol de la República Rusa en la CCCP, agregando un elemento en que al parecer muchos parecen de acuerdo y necesario al momento de hacer interpretaciones históricas o literarias y artísticas sobre este país eslavo: sus creencias religiosas y su creencia en el poder del estado y sus dirigentes.
Groy propone una historización de la cultura estaliniana como aspiración a determinar el esquema conceptual para comprender. Sabemos que la historia como concepto es propiamente hegeliana y que la dialéctica está lejos de ser un relativismo como lo señala el texto. Así desde Groy o desde Hegel, en una mirada de reojo el texto parece exclamar, en tono de pregunta y sorpresa: ¡cuánto poder acumulado para lograr el fracaso!. Es que la historia tiene esto del azar, de un cierto juego. Algo similar ocurre con las referencias a Foucault, pareciera que lee "temas" descriptivos en lugar de prácticas, saberes y nuevos sujetos de estas prácticas y saberes, es decir, un método histórico de análisis.
Una de las cuestiones que parece ser parte del argumento y que contribuye a la construcción soviética del fracaso es la disputa con lo foráneo, una distancia entre lo propio y lo extraño.
Queremos detenernos en cómo se mezcla el marxismo en lo soviético, o el modo del marxismo soviético. Quizás en ello se encuentre uno de los supuestos que quedan en lo común, en una cierta complicidad como referencia al marxismo.
Marx un foráneo importado, parece ser el lenguaje común, incluso en aquellos que quieren hacerse de dicha ideología, praxis, partido, en fin, difícil de dilucidar, aquellos que adhieren al marxismo, que, ergo, en este caso, son los soviéticos o la conciencia soviética, pero que siempre es la adjudicación de una adhesión a lo externo, digamos como siempre algo impropio, sin idiosincracia, no importa el país al cual pertenezca el marxista o el lector del marxismo. En Rusia se habla incluso hoy de un anhelo de lo soviético en cuanto potencia mundial, ahí el marxismo no está incluido, sin embargo, los más fanáticos dirán que los rusos son por que si, marxistas-leninistas.
En Marx ser un foráneo no es nuevo, la categoría alienación dice mucho al respecto, de qué manera esta categoría epocal, central en la noción de materialismo histórico, no es un lugar común de comprensión, al igual que cómo se dieron otras alternativas de historia al momento de iniciar la época del capital, tampoco es un lugar común. Con ello hemos vuelto a la cuestión del azar en la historia, que si la relacionamos con la conciencia, y sabemos que hay libros que llevan como titulo esas categorías analíticas, se empieza a configuar un modo de comprender, el de la totalidad histórica y no está de más decir que totalidad no dice lo mismo que totalitarismo. Cómo esta inscrita, explícitamente o no, esta totalidad en el texto El Capital de Marx, hace que hasta los propios marxistas se vean desbordados, quizás sea una de la "explicaciones" de por qué siendo uno de los libros más nombrados, por múltiples motivos, sea tan poco leído y menos aún reflexionado si es leido. Chaplin tiene una escena con un niño que lee el Capital, Chaplin pregunta si es comunista y éste también responde con una pregunta: ¿hay que ser comunista para leer a Karl Marx?.
Quizás sea una cuestión de tiempo. Que aunque se encuentre El Capital escrito analíticamente en términos o estructuras categoriales, categorías como un canon metafísico de dar y abrir espacio y tiempo, no sea este modo metafísico de explicar el lugar o el tiempo desde donde se escribe. Una seña, la pregunta por el tiempo precategorial que se anticipa a lo categorial, una inscripción de un acontecimiento histórico, una historia no autodeterminada. En El Capital de Marx, su propuesta de un materialismo histórico pareciera insuficientemente leída solo al modo de una historia categorial y, sin embargo, no es posible estar por fuera de la temporalidad categorial del texto para realizar una precomprensión no categorial. Existiría más de una temporalidad comprensiva en la lectura de este libro. Podemos fijar esta declaración en la introducción de 1867 en El Capital: "En el análisis de las formas económicas no pueden usarse ni el microscopio, ni los reactivos químicos. Ambos medios deben ser reemplazados por la capacidad de abstracción. La forma mercancía del producto del trabajo o la forma de valor de la mercancía es en la sociedad burguesa la forma de la célula económica. Al no iniciado le puede parecer que su análisis es simplemente ocuparse de sutilezas...Aparte de la sección concerniente a la forma de valor, no se podrá afirmar que este libro sea de difícil comprensión. Me refiero, por supuesto, a los lectores que quieren aprender algo nuevo, y por consiguiente quieren también pensar por sí mismos."
Esta "capacidad de abstracción" que se podría ver como una sutileza (y que lo son), pero que no se ha constituido aún como categoría y que estaría a la base de "pensar por sí mismos", esta declaración de entrada, como puerta o ventana de las lógicas de Carroll, tiene aquello que como en la "creación geométrica musical" del demiurgo en el Teeteto de Platón, pudiéramos quedarnos siguiendo el desarrollo de la progresión geométrica y no la khorá, ni la música.
Interpretaciones simplificadas, resúmenes, aplicaciones económicas, etc. están por fuera o superficialmente en el texto o quizás se dejaron llevar por la comprensión categorial exclusívamente y dejaron sin atender el componente crítico y aquella exterioridad interna del texto, aquellas alusiones a un trabajo no asalariado, sin valor, una temporalidad como noción no alienada.
Lenin, al parecer estaba advertido de tales sutilezas, y por ello, quizás, toma decisiones teóricas, políticas y prácticas, de acuerdo a lo que el ve como singularidades de su país, luego o durante la revolución la explicación de las vanguardias artísticas o políticas, así como aquellas que no se presentan al modo de una vanguardia, aparece como plausible, así como las consecuencias de un poder único.
El pensamiento propio y las decisiones, es un tema también conflictivo, como lo es arte y política, que se entremezclan y divergen a la vez. El azar al cual referíamos tiene que ver con ello, el azar de lo social histórico, y que también se da determinante y predominante como lo es el capitalismo o modos de capitalismo, por sobre otros modos de historia que no se dieron o que convivieron o conviven con el capital en su modo depotenciado, sin poder.
Marx sin pensamiento propio es complicado de comprender, pues no se trata de una comprensión teórica, sino una precomprensión práctica temporalmente propia, no hay tal diferencia entre teoría y práctica en el Capital de Marx, parece que el texto ha atravesado estos modelos de entendimiento tipo causa-efecto o efecto-efecto, y se hace de otras maneras no explícitas inmediatamente. Un ruso, el psicólogo Lev Vigotsky lo expresa del siguiente modo: "No pretendo en absoluto descubrir la naturaleza de la mente agrupando una tras otra una serie de citas. Quiero encontrar la manera en que ha de construirse la ciencia para acercarme al estudio de la mente después de haber examinado de arriba abajo el método de Marx...para poder crear semejante método en el ámbito científico generalmente aceptado, es necesario descubrir la esencia del área de fenómenos dada, las leyes según las cuales dichos fenómenos se transforman, sus características cualitativas y cuantitativas y conceptos especialmente importantes, en otras palabras, crear nuestro propio capital."
Esta exigencia de lo propio se encuentra en disputa con la cuestión de lo foráneo, lo extraño, lo infamiliar y, sin embargo, se encuentra en medio de lo alienado en el texto del Capital. Tampoco queremos decir que se trata de la imposibilidad absoluta de penetrar en un texto como ese, solo que las complicidades sobre supuestos no explícitos, desconocidos, atentan contra las singularidades, tal como el poder del capital con otros modos de historia que no aspiran al poder, pero se dan.
Este dar histórico, que lo hemos denotado por el azar, no es una cuestión nueva, tiene aquello del un poco más, que no se expresa como un futuro de lo que podría ocurrir, los modos de su enunciación son sin por qué (Se puede leer el poema de Neruda en Isla Negra, La Soledad). Los países socialistas nunca terminaron con el trabajo asalariado, aunque hubo debate al respecto, decidiéndose por modelos o modos de desarrollo capitalismo-socialista, de manera que lo que no ocurrió y su no saber es lo que queda depotenciado al adjudicar nombres comunes desprovistos de singularidad. Un poco más o un poquito de cada cosa (Se puede leer el ensayo de Pablo Oyarzún R. El Pequeño Combate de República X), se requeriría para un lenguaje que no tiene estructura enunciativa, el arte pareciera que trabaja así, nunca está completa, y así como el pensar propio tienen su verdadero fracasar en su ausencia de inicio y de fin, de continuidad como entelequia o como analogía poética.
Los bordes del arte no se han desdibujado por la acción-decisión de la política en general o la política de la voluntad de poder, ni al modo de la urdiembre en el huso platónico, pues tiene su propia manera del límite o del fracaso. Este más inconcluso propio del arte, de la filosofía como un cierto modo del pensar, tienen la misma morada en la categoría de estética...
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